Historia de la nueva insignia de los presidentes de AAGO
Guillermo di Paola Fundador y Primer Presidente
En noviembre de 1999 se realizó en Roma, en sede vaticana,
el VII Congreso Bianual de la International Gynecological Cancer
Society presidido por el Profesor Salvatore Mancuso y con el Profesor
Sergio Pecorelli, como chairman del Comité Científico.
Las sesiones se realizaron en el Angelicum, sede de la Facultad de
Teología, en las vecindades del Foro y una de ellas en el Aula
Nervi, en la Plaza de San Pedro, sede habitual de las audiencias
generales pontificias.
Esa mañana, después del intervalo de las 10, llegó
al Aula SS Juan Pablo II, que había concedido a los
Congresistas una Audiencia Privada para ofrecerles una Alocución
y su Bendición Apostólica.
El Presidente Mancuso dijo entre otras cosas:
“Nosotros esperamos poder mostrar a Su Santidad el fruto de
nuestro trabajo y escuchar Vuestra guía en nuestro diario
trabajo de aliviar los sufrimientos de la mujer con cáncer y
frecuentemente los de aquellas con enfermedad terminal.
Al final de este milenio los avances científicos en el
campo de la oncología
son extraordinarios. Al comienzo del siglo solamente el 5% de los
pacientes con cáncer eran curados. Hoy más del 50% de
ellos se curan, gracias al diagnóstico temprano y el
mejoramiento de los recursos terapéuticos.
La oncología mundial debe cumplimentar dos compromisos. La
difusión de la enseñanza de las técnicas de
prevención del cáncer y al mismo tiempo continuar la
investigación biológica para arribar a una mejor
comprensión de las causas del mismo.
La creciente “molecularización” de la moderna
medicina no nos debe, sin embargo hacer olvidar en nuestros pacientes
el respeto debido a la dignidad de la persona humana. Por ello además
del desarrollo de la investigación farmacológica y
molecular, creciente atención les brindamos a la calidad de
vida de las pacientes al impacto psicológico de las terapias
del cáncer, al mejoramiento de la relación médico
/ paciente y a los aspectos éticos de la investigación
clínica.
Estamos seguros que Su Santidad reforzara nuestras creencias, como
científicos, que no puede haber progreso útil al Hombre
y a la Mujer, a menos que los aspectos éticos y morales de
nuestro trabajo sean bien comprendidos y tenidos en consideración.
Es con filial devoción que, en representación de
todos los congresistas, sus familias y también nuestras
pacientes, pedimos a Su Santidad vuestra especial y paternal
bendición.”
Después de estas magníficas palabras de Mancuso que
hemos sintetizado y traducido, Su Santidad Juan Pablo II, que en ese
tiempo todavía se mantenía alerta y vibrante, nos
regaló con su alocución memorable, que reproduciremos
en sus partes esenciales. Dijo el Papa:
“Quiero agradecer a todos Ustedes, por lo que hacen al
servir a aquellas que necesitan de su experiencia médica,
especialmente las mujeres heridas por el cáncer .En la
practica de la Medicina ustedes enfrentan las más
fundamentales realidades de la vida humana: el nacimiento, el
sufrimiento y la muerte.
Ustedes comparten las dificultades y las más intensas
ansiedades de sus pacientes.
Ustedes buscan ofrecer esperanza y cuándo y dónde es
posible curación…
USTEDES DOCTORES, GINECÓLOGOS ONCÓLOGOS, SON
GUARDIANES Y SERVIDORES DE LA VIDA DE LA MUJER CON CÁNCER.
Es necesario que sea promovido el trabajo en todos los campos de
la investigación del cáncer y que sea sostenido y
asistido con fondos suficientes por las autoridades públicas
responsables de la investigación científica. De todo lo
que se dice sobre los costos crecientes en el cuidado de la salud,
particularmente en el área del tratamiento del cáncer,
existe la impresión que poco se hace y muy poco se gasta en la
educación para la salud y en la prevención del mismo…
Una vida que termina no es menos preciosa que una vida que
comienza. Es por esa razón que la persona muriente merece el
más gran respeto y el más amante cuidado. A este nivel
profundo, la muerte es de alguna manera como el nacimiento: los dos
son críticos y dolorosos momentos de pasaje que se abren hacia
una vida más rica que la previamente vivida.
Hoy hay tantas cuestiones en discusión, relacionadas con el
cuidado de los pacientes con cáncer…
Lo que hoy es necesario al tratar estas pacientes es el cuidado
que incluya formas efectivas y accesibles de tratamiento, el alivio
del dolor y los medios de soporte ordinarios. Deben ser evitados los
tratamientos ineficaces o los tratamientos que agraven los
sufrimientos. Y también la imposición de métodos
terapéuticos no usuales y extraordinarios.
Es de vital trascendencia poner el soporte humano a disposición
de la persona muriente …
…Ustedes han venido a Roma como hombres y mujeres que están
construyendo sobre el magnifico trabajo de sus predecesores en este
siglo y este milenio.
El siglo veinte ha conocido sus catástrofes humanas pero
seguramente entre sus triunfos está el extraordinario avance
en la investigación médica y terapéutica en el
gran desafío de combatir esta terrible enfermedad y servir a
la vida.
Ustedes no están solos.
Toda la familia humana está con Ustedes y la Iglesia a
través del mundo los mira con respeto…”
Creo que las palabras del Pontífice fueron un
extraordinario reconocimiento para una “nueva” (¡desde
1969!) y sensible especialidad médica, la Ginecología
Oncológica, y que sin duda alguna estimularán su
reconocimiento, soporte y atención en el mundo civilizado.
Pero esto no fue todo lo que, en ese sentido, ocurrió en el
VII Congreso de la IGCS en Roma en 1999.
Un mes después recibí en Buenos Aires, enviado por
un mensajero, un paquete, un diploma y una carta del Secretario de
Estado de la Santa Sede, el Cardenal Angelo Sodano.
Se trataba de las insignias de la Orden Ecuestre de San Silvestre
Papa, en el grado de Comendador con Placa de Plata, otorgada por su
SS Juan Pablo II, como reconocimiento, en mi persona, a todos los
ginecólogos oncólogos de la Sociedad Internacional de
Cáncer Ginecológico, guardianes y servidores de la
mujer con cáncer.
Las razones del porqué se me eligió, fueron quizás
la de ser el Presidente del VIII Congreso que se haría en
Buenos Aires en el año 2000 o porque en 1997 había
recibido la Orden al Mérito de la República Italiana,
por mis esfuerzos por mejorar las relaciones médicas
italo-argentinas o por haber recibido en 1999 la Orden al Mérito
Melitense por mi trabajo, durante más de 10 años, como
Hospitalario de la Soberana y Militar Orden de Malta en la Argentina.
La Orden de San Silvestre es una antigua condecoración
papal y la placa de plata se otorga a quienes gozan de un especial
predilección de Su Santidad.
El anuncio de esta distinción a la IGS lo hice en mi
discurso presidencial inaugural del Congreso de la IGCS del 2000,
pero el año pasado en ocasión del Congreso de la AAGO
me pareció justo, equitativo y saludable donar el collar de la
condecoración a la Asociación Argentina de Ginecología
Oncológica para que de aquí en adelante fuese la
insignia de los Presidentes de la AAGO.
Digo esto, porque la histórica primera ceremonia de
acreditación de 40 y tantos Ginecólogos Oncólogos,
después de 16 años de la fundación, significa
que la AAGO ha llegado a su madurez y su Presidente el Prof. Amadeo
Aldini ha merecido con creces ser el primer Presidente que luzca la
nueva insignia.
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