Promover la prevención,

 la detección precoz y el tratamiento adecuado del cáncer específico de la mujer

Mejorar a través

del cuidado multidisciplinario la calidad de vida de nuestras pacientes

Impulsar el estudio

y la investigación en todas las áreas del conocimiento científico que están involucradas en el tratamiento de las mujeres con este tipo de cáncer

Historia de la nueva insignia de los presidentes de AAGO

 

Las sesiones se realizaron en el Angelicum, sede de la Facultad de Teología, en las vecindades del Foro y una de ellas en el Aula Nervi, en la Plaza de San Pedro, sede habitual de las audiencias generales pontificias.

Esa mañana, después del intervalo de las 10, llegó al Aula SS Juan Pablo II, que había concedido a los Congresistas una Audiencia Privada para ofrecerles una Alocución y su Bendición Apostólica.

El Presidente Mancuso dijo entre otras cosas:

“Nosotros esperamos poder mostrar a Su Santidad el fruto de nuestro trabajo y escuchar Vuestra guía en nuestro diario trabajo de aliviar los sufrimientos de la mujer con cáncer y frecuentemente los de aquellas con enfermedad terminal.

Al final de este milenio los avances científicos en el campo de la oncología son extraordinarios. Al comienzo del siglo solamente el 5% de los pacientes con cáncer eran curados. Hoy más del 50% de ellos se curan, gracias al diagnóstico temprano y el mejoramiento de los recursos terapéuticos.

La oncología mundial debe cumplimentar dos compromisos. La difusión de la enseñanza de las técnicas de prevención del cáncer y al mismo tiempo continuar la investigación biológica para arribar a una mejor comprensión de las causas del mismo.

La creciente “molecularización” de la moderna medicina no nos debe, sin embargo hacer olvidar en nuestros pacientes el respeto debido a la dignidad de la persona humana. Por ello además del desarrollo de la investigación farmacológica y molecular, creciente atención les brindamos a la calidad de vida de las pacientes al impacto psicológico de las terapias del cáncer, al mejoramiento de la relación médico / paciente y a los aspectos éticos de la investigación clínica.

Estamos seguros que Su Santidad reforzara nuestras creencias, como científicos, que no puede haber progreso útil al Hombre y a la Mujer, a menos que los aspectos éticos y morales de nuestro trabajo sean bien comprendidos y tenidos en consideración.

Es con filial devoción que, en representación de todos los congresistas, sus familias y también nuestras pacientes, pedimos a Su Santidad vuestra especial y paternal bendición.”

Después de estas magníficas palabras de Mancuso que hemos sintetizado y traducido, Su Santidad Juan Pablo II, que en ese tiempo todavía se mantenía alerta y vibrante, nos regaló con su alocución memorable, que reproduciremos en sus partes esenciales. Dijo el Papa:

“Quiero agradecer a todos Ustedes, por lo que hacen al servir a aquellas que necesitan de su experiencia médica, especialmente las mujeres heridas por el cáncer .En la practica de la Medicina ustedes enfrentan las más fundamentales realidades de la vida humana: el nacimiento, el sufrimiento y la muerte.

Ustedes comparten las dificultades y las más intensas ansiedades de sus pacientes.

Ustedes buscan ofrecer esperanza y cuándo y dónde es posible curación…

USTEDES DOCTORES, GINECÓLOGOS ONCÓLOGOS, SON GUARDIANES Y SERVIDORES DE LA VIDA DE LA MUJER CON CÁNCER.

Es necesario que sea promovido el trabajo en todos los campos de la investigación del cáncer y que sea sostenido y asistido con fondos suficientes por las autoridades públicas responsables de la investigación científica. De todo lo que se dice sobre los costos crecientes en el cuidado de la salud, particularmente en el área del tratamiento del cáncer, existe la impresión que poco se hace y muy poco se gasta en la educación para la salud y en la prevención del mismo…

Una vida que termina no es menos preciosa que una vida que comienza. Es por esa razón que la persona muriente merece el más gran respeto y el más amante cuidado. A este nivel profundo, la muerte es de alguna manera como el nacimiento: los dos son críticos y dolorosos momentos de pasaje que se abren hacia una vida más rica que la previamente vivida.

Hoy hay tantas cuestiones en discusión, relacionadas con el cuidado de los pacientes con cáncer…

Lo que hoy es necesario al tratar estas pacientes es el cuidado que incluya formas efectivas y accesibles de tratamiento, el alivio del dolor y los medios de soporte ordinarios. Deben ser evitados los tratamientos ineficaces o los tratamientos que agraven los sufrimientos. Y también la imposición de métodos terapéuticos no usuales y extraordinarios.

Es de vital trascendencia poner el soporte humano a disposición de la persona muriente …

…Ustedes han venido a Roma como hombres y mujeres que están construyendo sobre el magnifico trabajo de sus predecesores en este siglo y este milenio.

El siglo veinte ha conocido sus catástrofes humanas pero seguramente entre sus triunfos está el extraordinario avance en la investigación médica y terapéutica en el gran desafío de combatir esta terrible enfermedad y servir a la vida.

Ustedes no están solos.

Toda la familia humana está con Ustedes y la Iglesia a través del mundo los mira con respeto…”

Creo que las palabras del Pontífice fueron un extraordinario reconocimiento para una “nueva” (¡desde 1969!) y sensible especialidad médica, la Ginecología Oncológica, y que sin duda alguna estimularán su reconocimiento, soporte y atención en el mundo civilizado.

Pero esto no fue todo lo que, en ese sentido, ocurrió en el VII Congreso de la IGCS en Roma en 1999.

Un mes después recibí en Buenos Aires, enviado por un mensajero, un paquete, un diploma y una carta del Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Angelo Sodano.

Se trataba de las insignias de la Orden Ecuestre de San Silvestre Papa, en el grado de Comendador con Placa de Plata, otorgada por su SS Juan Pablo II, como reconocimiento, en mi persona, a todos los ginecólogos oncólogos de la Sociedad Internacional de Cáncer Ginecológico, guardianes y servidores de la mujer con cáncer.

Las razones del porqué se me eligió, fueron quizás la de ser el Presidente del VIII Congreso que se haría en Buenos Aires en el año 2000 o porque en 1997 había recibido la Orden al Mérito de la República Italiana, por mis esfuerzos por mejorar las relaciones médicas italo-argentinas o por haber recibido en 1999 la Orden al Mérito Melitense por mi trabajo, durante más de 10 años, como Hospitalario de la Soberana y Militar Orden de Malta en la Argentina.

La Orden de San Silvestre es una antigua condecoración papal y la placa de plata se otorga a quienes gozan de un especial predilección de Su Santidad.

El anuncio de esta distinción a la IGS lo hice en mi discurso presidencial inaugural del Congreso de la IGCS del 2000, pero el año pasado en ocasión del Congreso de la AAGO me pareció justo, equitativo y saludable donar el collar de la condecoración a la Asociación Argentina de Ginecología Oncológica para que de aquí en adelante fuese la insignia de los Presidentes de la AAGO.

Digo esto, porque la histórica primera ceremonia de acreditación de 40 y tantos Ginecólogos Oncólogos, después de 16 años de la fundación, significa que la AAGO ha llegado a su madurez y su Presidente el Prof. Amadeo Aldini ha merecido con creces ser el primer Presidente que luzca la nueva insignia.